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"Toca hablar de campanas", per Malena Martínez Ferris

| Malena Martínez Ferris | Opinió
"Toca hablar de campanas", per Malena Martínez Ferris

Torre de l'església de Ntra. Senyora de l'Assumpció | Fotografia: Mariví Puerto Sanz

Toca hablar de campanas: hablar de las campanas de BIAR.

No sin antes hacer un paseo por la historia y sin olvidarnos de que han sido testigos sonoros de las alegrías y avatares de nuestros antepasados.

"De fora vindran que de casa es tiraran"

El uso de las campanas para anunciar cualquier acontecimiento es muy antiguo, pero en la Iglesia comenzaron a usarse en un tiempo relativamente tardío. Tanto es así, que en la Iglesia Occidental no aparece hasta el siglo VII y en la Oriental no antes del siglo IX, apareciendo las primeras campanas en Santa Sofía de Constantinopla.

Cuando se pusieron en uso las campanas, no había más que una en cada iglesia, multiplicándose posteriormente. Al crecer el número de campanas como su volumen, se vio la necesidad de construir torres para colocarlas debidamente y para que la sonoridad de las mismas pudiera esparcirse más.

Durante los años 604 a 606, por una disposición canónica, se mandó que en todas las iglesias católicas se colocaran campanas que tocaran en los Oficios Divinos. Esa disposición establece también que las catedrales tengan cinco o más campanas, las parroquias dos o tres y las iglesias de oratorias particulares sólo una.

En algunos lugares como en València, el Arzobispo Fabián y Fuero reguló el toque de las campanas con unas normas muy precisas y que tenían en cuenta desde el dolor de cabeza de los enfermos próximos a los campanarios, hasta la posible dificultad de entenderse bajo el estruendo metálico en las tiendas y en los Tribunales de Justicia. El decreto de aquel prelado data de 1790. Los toques –disponía Fabián y Fuero- nunca deberán resultar tan largos que lleguen a ser enfadosos; cinco minutos constituían su máxima duración porqué con ese tiempo bastaba, según el prelado, para avisar al pueblo de aquello que las campanas deseaban comunicar.

La vida de los pueblos giraba en torno a la iglesia, y en los tiempos en que el único reloj que había era el sol, las campanas suponían un instrumento fundamental y vital para sus habitantes, pues el sonido era escuchado por todo el término, avisando y congregando a los distintos actos y anunciando las horas del día, más importantes:

El toque del ángelus, se realizaba al amanecer, al mediodía y al atardecer. Estos tres toques marcaban tres momentos fundamentales del día, el amanecer, el medio día o la hora de comer, y la hora de regresar a casa tras el trabajo, orientando a todos los que se encontraban trabajando en el campo.

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Existen tres tipos de campanas: esquilones, romanas y carillón. Todas están hechas de una aleación de bronce y estaño-plata. Las esquilones reproducen notas agudas; las romanas, graves y; las carillón, se utilizan para representar partituras.

El método de fabricación ha variado mucho a través del tiempo, pero siempre se ha hecho fundiendo el metal. El resultado final siempre ha querido ser el mismo: un sonido afinado, agradable y llamativo, de una duración mínima de un minuto por golpe.

Hasta aquí, todo bien; pero la verdadera magia de las campanas es otra cosa bien distinta: y es que no es cualquier cosa tocar y dar volteos a una campana, pues siendo elemento sencillo, ni es fácil su manejo, ni debe olvidarse que al fin y al cabo es un instrumento musical. Por ello, hacerlas sonar es un arte que crea musicalidad y lleva siempre una enorme carga de sentimientos.

El Pleno del Consell declaró Bien de Interés Cultural Inmaterial (BIC) los toques manuales de campana de la Catedral- Basílica de Segorbe, al igual que los de la iglesia parroquial de Albaida, en el Campanar de la Vila de Castelló de la Plana y en la Catedral Basílica Metropolitana de València. Los toques manuales de campana constituyen un patrimonio inmaterial e intangible; se utilizan campanas históricas y documentos antiguos en su ejecución y técnicas propiamente valencianas y se realizan en un lugar, que ya de por sí, resulta ser patrimonio monumental.

Supone no solo la protección genérica de esta actividad, conocimientos, técnicas, sino también de las instalaciones, las campanas y los toques en su estado actual, sin interferir en su uso habitual para toques diarios, festivos o de difuntos o, incluso, para conciertos extraordinarios. El toque de campanas se considera parte del paisaje cultural y sonoro de los valencianos desde la época de Jaume I, así como la voz de la comunidad. Dota de una identidad propia a la localidad y está completamente asumido por toda la población.

No debemos olvidar que las campanas tienen su propia voz y, como voz que tienen, poseen su propio lenguaje: el lenguaje de las campanas. Este lenguaje fomenta las relaciones espirituales y nos ayuda sobrenaturalmente recordándonos aquella festividad que se conmemora o aquella función religiosa que va a celebrarse. Excitan en nosotros todo tipo de sentimientos: nos dan alegría, si sus repiques recuerdan alguna efemérides célebre o algún acontecimiento que no debe pasar desapercibido; son capaces de sumergirnos en la más profunda tristeza si doblan a muertos; o incluso, nos dan a veces la señal de alarma por algún peligro que se cierne sobre nosotros.

Desgraciadamente, este lenguaje se va perdiendo poco a poco: da pena ver como las campanas se están quedando mudas en nuestro pueblo YA QUE SE LES HA IMPUESTO UN TOQUE DE QUEDA, para que los clientes de algún hotel puedan dormir.

Malena Martínez Ferris

Presidenta Asoc. Amics del Patrimoni de Biar

Master en Gestión del Patrimonio

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