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"La última barbaridad", per Antón Miralles

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"La última barbaridad", per Antón Miralles

Protesta contra la decisió del Tribunal Suprem dels EUA | Imatge: Yahoo!

Voy a empezar posicionándome: Me encantan los niños. Creo que son de lo poco que le queda al mundo, decente. Me costaría horrores participar en un aborto. Tengo dos hijos [una filla i un fill] maravillosos a los que he visto crecer, y nunca hubiera pensado ni por un momento en que no estuvieran en el mundo conmigo.

En Estados Unidos han retrocedido cincuenta años en derechos humanos, y el aborto ha pasado a ser un delito. Todos esos tribunales que juzgan y condenan siempre a los más débiles son los primeros que ejercen su poder, y, no tengan dudas de que a su vez son los primeros a los que no tiembla el pulso cuando deciden enviar a su hija fuera de Estados Unidos a "quitarse un problema" que no era políticamente correcto. Todos sabemos que aquí, en España, los viajes a Londres no siempre eran para aprender inglés o para ver el repelente cambio de la guardia en el Palacio de Buckingham, no. Ustedes y yo sabemos que en Londres se salvaban muchos "prestigios" y situaciones incómodas, gracias a la Iglesia Católica, siempre tan preconciliar (de Trento) que no daba cuartel ni bendición a los que pecaban contra el sexto mandamiento.

Menuda obsesión con el sexto mandamiento, si "la jodienda no tiene enmienda, amigos lectores, y hasta al más beato de los presbíteros se le abría la bragueta cuando olía a mambo. Hipócritas de catequesis. Sin ir más lejos, éste que les escribe, asistió a un romance (casto en apariencia) entre un Padre y una estudiante y alumna que andaban para atrás y para adelante. La cosa terminó en boda. Y al que no le gustó, se la tuvo que envainar, por hipocritón. La sonrisa siempre saltaba cuando contaban que fulanita había ido a Londres. Nadie vio nada pero todos imaginábamos el asunto. Puede que las clínicas que se dedicaban a aquello , en aquellos tiempos, resurjan a estas alturas gracias a una clientela "gringa". Los caminos del Señor son insondables. Dijo el profeta. Hipócritas, siempre en fuera de juego.

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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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