"Recortes suicidas", per Antón Miralles

| Antón Miralles | Opinió
"Recortes suicidas", per Antón Miralles

Mobilització contra les retallades als Serveis Públics | Imatge: Diari Ara

Hace seis años, pongamos que siete, empecé a cansarme por las tardes, antes de llegar a casa, todas las tardes. No le di demasiado tiempo a las molestias, pues si bien nunca he sido hipocondríaco, creo que hay que dejar que los galenos se ganen el sueldo, y, para que se lo ganen, hay que ir a consulta, que, para eso tienen el título de médicos.

Sucedió que, tras varias pruebas, llegó el momento del diagnóstico final: problemón. Como buen miembro de la familia, tenía las arterias hechas un desastre. El médico especialista, cirujano cardiovascular, un tipo frío como un jugador de póker profesional, sacó un folio, hizo un dibujo absolutamente inteligible para mí y me explicó que tres de las arterias que salían de mi corazón (en aquel papel) estaban "pa tirar" a la basura. Horror. Al momento hice la única pregunta que se me ocurrió: ¿Cuántos sobreviven a esta carnicería? A lo que el jugador de póker, sin inmutarse, casi ofendido por la pregunta obvia, me soltó una respuesta mucho mejor que buena: "Tenemos un porcentaje de aciertos (de éxitos) en intervenciones de esta clase entre un 95 y un 97 y medio por ciento. Música celestial para mis oídos. Por una vez, el cálculo de probabilidades estaba de mi parte... ¿Alguna pregunta más? Le pregunté algo que, sin ser vital, iba a ser más que molesto: ¿Cuántos meses me voy a tener que "comer" de post-operatorio en esta santa casa (Hospital de Basurto)? Respuesta "a la bilbaína": En una semana estás en casa. Increíble, que diría mi nueva sobrina rusa, Liudmila, que ha adoptado el calificativo como lo más socorrido a la vista de los diferentes eventos que está contemplando en los menos de dos meses que lleva recién casada en Castalla. Termino la "batalla": No se equivocó el cirujano. Tras una intervención de seis horas y media, a corazón abierto, reparando arterias y otros "descosidos", el que esto escribe salió adelante de entre los muertos, pues me "mataron" para luego resucitarme (verídico) y convertirme en incondicional del Hospital de Basurto "de por vida".

Ustedes se preguntarán: ¿A qué viene toda esta batalla, si el escritor no sólo salió en taxi del Hospital de Basurto, sino que para más "Inri" se vino a vivir a Biar, junto al pueblo de su padre, Castalla? Pues como resulta que como uno "nunca ha dado puntada sin hilo", sucede que hace muy poco he visto en la prensa una noticia espeluznante: "El Hospital de Basurto va a cerrar el departamento de cirugía cardiovascular". Sí, el que me salvó la vida. En mi vida he visto hacer barbaridades, pero como ésta, créanme, ninguna. Recortando, por recortar, no han recortado ni en la calidad de los vendajes, ni en la calidad de los colchones, ni en la de los cafés ni los cola caos de los desayunos, ni las meriendas, no. Con dos cojones, Todo un departamento, cirugía cardiovascular. Los que te operan a corazón abierto, los que te salvan la vida en plan el mago "Tamariz" pero variante quirófano. Esos, a la puta calle. O al paro. Pacientes cardiópatas, cuando te la juega el corazón y sólo los magos del bisturí tienen en sus manos tu vida, pues a cerrar el Departamento. No sé quién habrá sido el genio que ha decretado esta infamia. Renuncio a Biar y a los buenos ratos que he pasado aquí.

Si hay que administrar una buena paliza a algún directivo, político, o enchufado de turno, me voy para Bilbao a manifestarme, violentamente si llega el caso, para evitar este delito de lesa cardiopatía. Ignoro cómo estarán las cosas, pero alucino con la clase política cuando llegan a tomar decisiones de este calibre. Algún coche se va a incendiar. Me temo. Procuraré tener una buena coartada. En su día el Hospital de Basurto salvó la vida de mi hija, con cuatro meses de edad, con una "papeleta" de difícil solución. Mi agradecimiento es eterno desde entonces. No voy a quedarme de brazos cruzados ante el despropósito que se va a cometer con mis cirujanos favoritos.

Cuando toca remangarse y pelear, a muerte. Por Bilbao, hasta donde haga falta.

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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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