"Richard Cory", per Antón Miralles

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"Richard Cory", per Antón Miralles

Dicen que Richard Cory es el dueño de media ciudad. Con contactos en política, que aumentarán su riqueza. Nacido en la alta sociedad, hijo único de un banquero, tenía todo lo que un hombre podía pedir: poder, gracia, estilo... La gente ve sus fotos donde quiera que uno va. Richard Cory, en la ópera, Richard Cory en un show. Y se habla de sus fiestas y de las orgías en su yate. Seguro que es feliz con todo lo que tiene. Da limosna, tiene sentido común. Apadrina a mucha gente, es un benefactor. Así que me pilló de sorpresa cuando leí en el diario de la tarde: "Richard Cory se fue a casa anoche y se pegó un tiro en la cabeza", "Richard Cory" (Paul Simon) Extracto de la canción.

He seleccionado casi por completo esta canción para hablarles de un asunto desgraciadamente universal y cotidiano: el suicidio. Los motivos, o el motivo por el que alguien toma la decisión de quitarse la vida es algo tan complicado que, al menos a mí, se me escapa su comprensión.

Todo son cábalas, hipótesis, incomprensión, desconocimiento. Pontificar sobre los motivos tan definitivos que hacen que una persona ponga fin a toda su vida no forman parte de mi conocimiento, ni me atrevo a expresar una teoría. Conocí a un hombre joven (45 años) con el que jugaba a menudo en campeonatos de pala [pilota basca], fuerte, equilibrado en apariencia, sin problemas económicos, que, una tarde, abrió la ventana y se arrojó al vacío desde un sexto piso. Resultado: no hace falta ni decirlo. Otro amigo, (23 años) deportista, alegre, un día se tomó un bote de pastillas XXX. En el hospital, los médicos le salvaron la vida. Unos meses después, un fin de semana en el que se quedó solo en casa, cerró todas las ventanas y puertas, se metió en una tienda de campaña, abrió el gas, y lo siguiente... imagínense.

El tercer caso, otro amigo, médico recién graduado, usó el sistema del tubo de pastillas XYY, Sus compañeros médicos trabajaron sin descanso, y le sacaron adelante. Un mes después, se tiró a la ría. No falló.

Ninguno de los tres tenía aspecto, ni comportamientos que pudieran prever lo que sucedió. Pero sucedió. La hipótesis más barajada en los tres casos fue la depresión, ese mal que trabaja en la sombra y trastoca el carácter de determinadas personas. Pero está claro que, cuando el gatillo se aprieta, no hay tiempo de desviar la bala. Descansen en paz. Tres amigos.

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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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