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"La tienda de la esquina", per Antón Miralles

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"La tienda de la esquina", per Antón Miralles

En estos tiempos difíciles, con gente enmascarada, inquietante hasta que no averiguas de quién se trata, voy a romper una lanza simbólica por una institución que creo que no hay que dejar que se nos escape de las manos, aunque el maldito virus y los que nos lo han colado ya han hecho suficiente daño.

Cuántas veces habremos oído: "Anda, baja a la tienda de la esquina y súbeme tal cosa". Que levante la mano al que nunca se lo han dicho, y que coja el siguiente cohete a Uranio, porqué debe de ser de ese planeta o de otro más lejano.
 
Esta mañana, charlaba con mi cirujano porcino (también opera conejos, corderos y aves) y no nos ha costado llegar al acuerdo de la necesidad que tenemos todos los habitantes de Biar (los de otros pueblos que lo hagan también, si pueden), de dejarnos nuestros sudores, traducidos a monedas de curso legal, en el pequeño comercio.
 
Ese que sale a veces en la tele y en el cine, atendido por gente currelante, donde los clientes tienen en los empleados más que un profesional del comercio que toque, un amigo muchas veces al que te quejas de las calamidades que te han pasado y que escucha con la categoría de confesor, como si se tratase de un cuervo, pero por suerte sin su siniestro disfraz negro. La tienda de la esquina, el comercio de barrio, emplea, da de comer a la gente que mantiene viva la nación, en la medida  que corresponda.
 
¿Se dan cuenta de que ellos son una legión de hormigas que día a día hacen que el paisaje de la ciudad esté vivo? Dependientes, repartidores, transportistas, sanitarios. echadores de cartas, paseadores de perros, pintores de brocha gorda, mecánicos, albañiles, vagos con carnet, chicas de compañía (indispensables), etc... y los epígrafes que se les ocurran, no me olvido de los fareros, vendedores del cupón, loteros (la timba  siempre está allí) y los colegas juntaletras. Todos son parte del paisaje. Si no, esto sería una "naturaleza muerta" y no habría quien la admirase en ningún museo. La mejor cualidad de la tienda de la esquina es que incluso en estos tiempos nuevos, tiempos salvajes (Los Ilegales) mantienen algo de lo que las cacareadas instituciones de crédito se han olvidado hace añares: la confianza. El "te pago mañana" o el "luego pasa mi madre a darte". Vete a un banco y trata de que te fíen. A ver si hay huevos.
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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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