"La desaparición", per Antón Miralles

"La desaparición", per Antón Miralles Wikipedia

La abuela tenía muchos años y todos los achaques que se suelen tener a su avanzada edad habían atacado en masa. No le quedaba mucho. Toda la familia la cuidó hasta el último momento. Cuando se produjo el fatal desenlace se llevaron a la abuela al tanatorio, ese paso previo al último capítulo al que los protagonistas asisten sin tener ninguna intención: el funeral y el entierro o la novedosa incineración.

 

Tan grande como el vacío que dejó la bondadosa abuela fue la sorpresa de su nieto menor, que, por aquel entonces, andaba tan papelado de circulante que, para pagarse sus "diversiones" recurrió a solicitar empleo en una prestigiosa empresa del sector circense que, además, le iba a permitir ver mundo aunque fuera viajando en una cómoda roulotte de la troupe del afamado "Circo Europa". Snoopy, que así era apodado el protagonista de este relato, obtuvo el trabajo de trapecista después de haber superado con creces las pruebas de aptitud circense a las que le sometió El Gran Romanoff, jefe de titiriteros y acróbatas del circo, y descendiente lejano en el tiempo y en la distancia de los Romanoff, zares y autócratas de la madre Rusia en otros tiempos. 

Tras un par de meses de viaje y éxitos en los números que interpretaba en el afamado "Circo Europa", el padre de la familia preguntó varios días seguidos si alguien sabía por dónde andaba el benjamín de la familia, ya que la casa estaba demasiado tranquila sin las habituales piruetas que, con absoluta maestría, y sin pasar la gorra, efectuaba Snoopy en su hogar. 

No había los adelantos que hoy día tenemos y en consecuencia, si alguien decidía quitarse de en medio de cualquier hogar, lo tenía muy sencillo. La familia no tenía otra opción que recurrir a la policía, revisar hospitales e indagar en su círculo de amistades por si alguien sabía algo del amigo.

Se invirtió el orden de la búsqueda, pues acudir a la policía es la opción menos agradable de todas, ya que van a hacer lo mismo que la familia, solo que además chusmeando y haciendo las preguntas más indiscretas que puede caber. 

En definitiva, que el interrogatorio comenzó con los amigos. En la primera ronda de preguntas, ninguno sabía nada o no soltaba prenda. Algo le debió escocer en la conciencia a uno de los amigos que, con expresión beatífica, se acercó a la casa de Snoopy a la hora de comer y le dijo a la madre (por suerte el padre no se encontraba presente) que "creía recordar" que Snoopy "le había comentado" que iba a probar suerte con el afamado "Circo Europa" pues había presenciado una de sus actuaciones y había comentado (sin darle importancia) que los ejercicios del  trapecista y los del funambulista, estaban "chupados".

Tras la conversación de la madre con el padre, éste, haciendo una labor detectivesca digna del mejor cazador de recompensas del far-west, dio con el paradero de Snoopy en Rubí (Barcelona) en donde el "Circo Europa" actuaba en las fiestas del pueblo por aquellas fechas.

Les ahorro la desagradable escena del encuentro del padre y el hijo con la correspondiente despedida de aquel prometedor trapecista y funámbulo que perdió el mundo del circo.

De vuelta al hogar familiar y con el escaso jornal obtenido en el trapecio y en el alambre, el problema de la autofinanciación se presentó de nuevo, como un indeseable karma, a atosigar la vida de nuestro protagonista. Recordó, al volver a instalarse en su cuarto, que en lo alto del armario ropero de su cuarto había dejado como quien no quiere la cosa las medicinas que tomaba la abuela y que ya no le iban a prestar ningún servicio, por motivos obvios.

Aquel juego de medicinas tenía (pensó) un posible cliente: su amigo "Linterna", gran catador de todo tipo de sustancias psicotrópicas que podían caer con en sus manos. Además, "manejaba" tela. El destinatario ideal. Y de confianza, además. El trato se cerró en un abrir y cerrar de ojos y el comprador recibió como obsequio varios paquetes de pastillas de cualidades desconocidas que complementaron el lote inicial. Cada uno a su casa. Snoopy se quedó pensando, no por mucho tiempo, qué tal le iría a su amigo con todo aquel arsenal de calmantes, somníferos y el resto de las cajas de comprimidos desconocidos.

Pasaron los días en los que, a pesar de ser vecinos de calle a una distancia no superior a los diez metros, Snoopy no coincidía nunca con su comprador. La preocupación apareció y se fue haciendo mayor a medida que pasaban los días y el Linterna no aparecía. ¿Determinaría la autopsia muerte por sobredosis? ¿Se le habría ido la mano con cualquiera de aquellas pequeñas máquinas sedantes? ¿Cómo explicar que lo que había acabado con su vecino habían sido las pastillas de la abuela? Su padre lo desheredaría. Fijo. El honor de la familia por los suelos. Hasta veía la portada del diario "El Mentiroso" con u titular a toda plana: "Envenena a su mejor amigo." Menudo marrón.

¿Al trullo? La pesadilla no cesaba. Finalmente, dos semanas después de la transacción, cuado Snoopy estaba a punto de gritar a los cuatro vientos que se declaraba culpable de todo, al salir de casa para ir a la playa, se encontró con el Linterna, absolutamente sonriente.

El diálogo fue muy breve. Y en clave.

- ¿Qué tal con "aquello"?. Preguntó el vendedor.

- Puta madre!!! contestó el comprador levantando el pulgar derecho al estilo que los brasileños han hecho famoso en el mundo entero.

Final feliz.
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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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