"Campechano", per Antón Miralles

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"Campechano", per Antón Miralles

No nos conocemos, ni tengo interés en cruzarme contigo. Como se supone que a los campechanos se les tutea, pues eso. Nunca había vivido bajo una monarquía hasta que aquel general que se sublevó contra el gobierno elegido por la gente, y a quien ayudaron Mussolini y Hitler a ganar la guerra, sí, Franco, te colocó en el poder. Ahí conociste lo que implica la palabra “poder”. Dicen que en el ambiente en el que vives, el asunto del matrimonio para toda la vida es un concepto, digamos, elástico. Lo mismo que las palabras “queridas”, “excesos” y “bastardos”. Seguramente, no es asunto mío, un pobre ciudadano de a pie, que huye como de la peste del “Hola” y del resto de las revistas de papel “couché”. Por suerte, creo que no voy a votarte nunca, pues espero que la monarquía tenga las horas contadas.

Y no, no me apunto al pecado por antonomasia de España, la envidia. No te confundas. Si has tenido la posibilidad de acostarte con las que te ha dado la gana, mejor para ti. Todas las que creo que te han adjudicado, ganaban por goleada a la “titular”. Creo que hubiera tropezado en la misma piedra que tú. Pero que hagas “donaciones” más que generosas, estratosféricas, a todas las que te alegraban las noches, y los mediodías y las tardes, con el dinero que, entre otros, yo te he pagado; que mates elefantes es de una realísima crueldad  (ojalá te hubiera pisado la cadera, y las tripas, alguno de los proboscídeos que te cargaste), que surques el mar con veleros cargados de hetairas que han sido arrojadas por la otra borda (con salvavidas) cuando llegaba la monarca titular, pues está como que muy mal. Que cobres comisiones por obras de empresas españolas y no tengas los huevos de dejarlas en el país que estabas reinando, que tengas la panoja en Suiza y otros agujeros legales (para evitar pagar impuestos en tu propio reino) y que nos enteremos por medio de diarios de toda solvencia, que se han hecho eco de escritos de diferentes fiscalías, pues como que has quedado muy por debajo de la línea de flotación de la decencia, si es que existe. Si tú, con tu comportamiento, has sido el ejemplo de lo que representa la monarquía, permíteme que investigue qué hay que hacer para pedir la disolución de la misma. ¿Que es la república?  Vamos a probar. Lo tuyo, campechano, nos has dejado muy claro que “nunca mais”, como se dijo tras lo del Prestige.

Pasé vergüenza ajena cuando te abuchearon en la Casa de Juntas de Gernika. ¿Sabes qué?

Tenían razón. Te lo digo en euskera: “kampora” (fuera).

Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector epedernido, viajero netusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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